Pasión y talento. Bien podría decirse que es la fórmula universal en la que se basa el éxito, individual o colectivo. Cuando a Roger Federer le preguntaron qué sentía por el deporte blanco, contestó "pasión". El suizo es un hombre exitoso, de hecho, porque a su pasión por el tenis -que pueden tenerla muchos, pero no descollar como él- le agregó un inconmensurable talento. Ahora bien, en un equipo ¿es suficiente la pasión y el talento para llegar al éxito? Una respuesta la escuché el mismo día en que conocí la definición de Federer; y provenía de un director técnico que en lo suyo se destacó: José Pekerman, el múltiple campeón con las selecciones juveniles de fútbol. Hace poco se cumplieron 10 años de la consagración mundial juvenil de un equipo dirigido por él. Un canal de deportes recordó ese logro y los 11 goles del talentoso de entonces: Javier Saviola, y aportó la definición del DT que viene al caso: "el trabajo, con orden y disciplina, ayuda al talento". El resultado final lo demostró, al talento hay que acompañarlo. Federer le añadió pasión, la misma que le ponen algunos jugadores de fútbol a lo que hacen. Al talento individual se lo respalda, y con orden y disciplina, el trabajo en equipo puede tener éxito. Ojalá siempre haya talentosos, esos virtuosos le dan un plus a cualquier actividad, como Lionel Messi. Pero, vale atender la reflexión de Pekerman.